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23 ene. 2012

El engaño

Si alguna vez me equivoqué,
mil perdones son los que te pido
sin voluntad no se fragua,
ni se condensa lo ocurrido.
Razones tienes para no mirar el ocaso de mi rostro
que como marioneta muda, guiar se dejó
por el regente de aquellos sonámbulos ojos,
con el retorno de su paso,
los míos fueron cegando.

Sé que es traición de mi conducta llegar a prender
y dejar el cielo fracturado,
mientras fosco te mantienes, postrado.

Males son los que devengo, los merezco...