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1 nov. 2011

Como la vida misma (II)

Pasaba parte de sus horas sentado en la playa,leyendo novelas del viejo oeste.Era un medio que le permitía olvidar durante un rato,todos los problemas que se le avenían encima cada vez que regresaba a casa.Aparte era un gran entusiasta de la lectura.

Raúl como así se llamaba,sentía una gran predilección por Carmen.
Una muchacha que cuando llegaba la noche,le otorgaba una serie de golpecitos en la pared de su habitación,sin que nadie sospechara nada.
Ella era la vecina y la persona que le hacía satisfacer sus horas de ocio,cada vez que se reencontraban.Sin decirlo a nadie,en silencio se desvivía por ella...

Llegó la hora de regresar a casa y de amainar las horas llenando esa tripa,que le estaba pidiendo por momentos ese gran sustento de comida. ¡Imperdonable!

Se levantó de aquella arena tan fina y fué encaminándose muy apaciblemente hacia su casa;teniendo la certeza de que lo estarían esperando.

                                                                                
             Continuará